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Familias violentas

Un artículo de Susana Masoero

Susana Masoero
Susana Masoero

—¡ Hay mujeres que de verdad odian a los hombres!
—…Tienen la teoría de que hace 4000 años ellos descubrieron que las mujeres eran definitivamente superiores y entonces les pusieron un pie encima, aterrados de que se los comieran vivos.
Ellas creen que la eterna historia de abusos y discriminación se debe al profundo odio que los hombres sienten por estos seres que temen: desde algún lugar, ellas podrían despertar, emerger y arrasar con ellos. O sea, la conocida teoría de la amenaza.

Antigua vida mía de Marcela Serrano

Cada día los medios de comunicación ponen en primer plano episodios de Violencia que expresan una amenaza contra la dignidad de la vida. La violencia se ramifica de forma descontrolada en los distintos ámbitos de las relaciones humanas y parece estar destinada a perpetuarse.

Ante la obstinada exigencia de una solución aparece una imposibilidad del mismo sistema social, político y jurídico de crear procedimientos eficaces para refrenarla.

Uno de los sitios más íntimos y dramáticos donde hoy se despliega la violencia es en el contexto familiar. Ese lugar que antes considerábamos seguro ahora está expuesto al riesgo de su ruptura, al peligro de perder su estabilidad anterior. Por lo general se describe la violencia como un comportamiento; es frecuente escuchar: J. o P. manifiestan una conducta violenta. Pero…

¿Es esta la única lectura?

Nos esforzaremos en poner un poco de rigor alrededor de esta problemática para lo cual es preciso situar otra perspectiva, otra dimensión de la violencia ligada al discurso, a algo que es proferido y se repite con insistencia: palabras, insultos que en muchos casos culminan con el pasaje a la acción. La violencia en la pareja suele ser la ruina de la familia ya que no es sin consecuencias para ellos y particularmente para sus hijos que la padecen.

Cada vez más se enfatiza la Violencia de Género. La Declaración de la O.N.U. la define así: “Es la violencia ejercida contra cualquier mujer, cualquier violencia en cualquier lugar y cualquier circunstancia.” (psíquica, física, ideológica, verbal, de discriminación). Los diarios abundan describiendo estas situaciones que intimidan al lector. Al hombre que ejerce violencia contra una mujer se lo nombra monstruo, depravado, psicópata.

Sin embargo no son estos los únicos casos de violencia. Sin dejar de lado esta realidad que afecta a todos los estratos sociales nos encontramos con otros –minoritariamente divulgados– donde es la mujer quien mediante sus dichos ejerce violencia sobre el hombre. Basta recordar el espectacular caso Barreda para saber el efecto que produjo la palabra injuriante repetida por las mujeres de su familia en este sujeto y que lo condujeron al pasaje a la acción.

Desde otro sesgo nos preguntamos ¿Qué lugar le otorga la madre a sus hijos cuando arremete con insultos degradando la figura del padre? ¿Quién protege a esos niños de una situación tan hostil y amenazante?

¿Qué se oculta en esa misteriosa tendencia violenta?

Un deseo mortífero hacia los hijos parece esconderse detrás de la violencia hacia el otro progenitor. Un tormento del que no escapa el hombre, a la vez que los hijos sufren consecuencias a veces irreparables que se manifiestan en falta de atención en la escuela, chicos dispersos, deprimidos, aplastados en su subjetividad. Emocionalmente alterados, arrasados por la violencia de la madre suelen ser testigos mudos de un teatro dantesco.

Consideramos que en estas familias violentas los padres se han desplazado de cumplir su función: en un caso brindar cuidados maternales, en otro ocuparse paternalmente de los hijos.

Otra consecuencia de las familias violentas es cuando alguno de los hijos establece alianza con uno de sus progenitores en contra del otro. Allí también los lugares se han confundido.

Si no se puede eliminar esa inaceptable inclinación violenta del ser humano, acaso… ¿No es posible desviarla, reconducirla a un destino menos mortífero? ¿Ligarla a un objeto de amor, a una actividad creativa, intelectual… etc?

La temática de la violencia no se agota en lo aquí expuesto, de allí que en próximas publicaciones continuaremos abordando esta problemática que nos preocupa a todos.

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