Qué hacemos con nuestra Infelicidad? - un artículo de Centro a

la brújula que te orienta en el discernimiento

Qué hacemos con nuestra Infelicidad? - parte 2

Un artículo de Susana Masoero y Susana Reif

Susana Masoero
Susana Masoero
Susana Reif
Susana Reif

Desde los vínculos con otros seres humanos

Con respecto a los vínculos, es común que muchas personas refieran que aquello que ayer fue vivido con placer hoy se ha tornado una pesadilla. La queja más frecuente es que el ser amado ya no es el que conocieron, sus malos hábitos se han acentuado volviéndose imposible la comunicación.

Y no sólo en el plano del amor el encuentro se transforma en continuo desencuentro, esto puede trasladarse a otras relaciones: con el jefe, los empleados, los amigos, los docentes.

Entonces, ¿no será que el otro ya no es el Ideal anhelado y ahora lo vemos tal cual, una vez caído el velo de la ilusión? ¿Y que allí mismo donde la persona se queja es precisamente donde él o ella tienen una parte de responsabilidad?

Deshojando margaritas vemos pasar la vida sin lograr la respuesta esperada: ¿me quiere, no me quiere? ¿me quedo, no me quedo? ¿me independizo laboralmente? ¿sigo el rumbo de mi deseo que empuja en una determinada dirección? ¿cumplo con el mandato de mis mayores?

Quizá se trata de cambiar la óptica con se mira, reformulando aquello que se demanda al otro.

Involucrarse en eso mismo de lo cual nos quejamos es ubicar las cosas desde otra perspectiva asumiendo que tenemos responsabilidad en nuestro propio sufrimiento.

Desde el mundo exterior

Ahora bien, en relación al mundo exterior se debe reconocer que las coordenadas de la cultura del siglo XXI han variado considerablemente. La antigua familia permanente y conservadora donde convivían abuelos, tíos y niños con sus padres ha desaparecido, y con ella una forma de vida donde se compartía un saber de cómo arreglárselas con lo social. Todo eso se ha pulverizado en el mundo globalizado. Con la oficialización del divorcio (que si bien ha puesto fin al conflicto de la convivencia) nuevos desajustes se presentan.

Actualmente suele ser uno de los progenitores quien debe velar por el destino de los hijos a los que se agregan los de una nueva pareja.

Estos espacios distintos que se van configurando requieren de cierta disposición anímica de los adultos para poner en función un nuevo orden que otorgue estabilidad afectiva.

Mientras tanto faltando el amparo de aquella familia ampliada con más de un adulto dispuesto a escuchar y acompañar, muchos jóvenes se refugian en la computadora, la televisión, el MP3, la realidad virtual que los aturda brindando una sensación de placer permanente sin exigencias de ningún tipo.

Desde el cuerpo propio

Y por fin nuestro cuerpo; el paradigma que se impone en la actualidad y que es sostenido por el mercado de consumo se presenta bajo la modalidad del exceso produciendo un profundo malestar en los sujetos.

Desajustes en la alimentación:

  • obesidad
  • anorexia-bulimia
  • trastornos psicosomáticos
  • contracturas musculares
  • stress
  • depresión
  • ataques de pánico

El padecimiento que aqueja al cuerpo y que hoy se ha intensificado, está referido a síntomas que no siempre responden una causa orgánica.

El incremento en el consumo de psicofármacos (calmantes), quitapenas (alcohol) y tóxicos (drogas), es un modo de evitar el displacer pues permite sustraerse de la continua presión de la realidad y refugiarse en un mundo mágico que ofrece sensaciones placenteras de inmediato.

Ante los excesos en el cuerpo el discurso médico suele resultar insuficiente, no hay diagnóstico para ciertos padecimientos.

El cuerpo habla allí donde hay algo que no se puede decir.

Se vuelve necesario entonces recurrir a otro abordaje, donde el efecto de la palabra frente a la angustia logre un resultado diferente.

En fin, resguardarnos en que el destino ya está trazado y no es posible modificarlo es mantenernos al abrigo de la ignorancia.

Asumir el compromiso en un trabajo psicoterapéutico es apostar a una nueva forma de coraje que deshabite la inercia del conformismo.

¿Se puede estar mejor?

Si, se puede, sólo hay que animarse.

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