la brújula que te orienta en el discernimiento
¿De qué hablamos cuando nos referimos a la infelicidad?
¿Es acaso un estado natural el vivir en continuo sufrimiento?
¿La vida es así y sólo nos queda aguantar del mejor modo posible aquello que nos tocó?
Estos interrogantes tal vez un poco excesivos, reflejan sin embargo cómo se sienten algunas personas siendo prisioneras de sus propias frustraciones.
Frecuentemente los escuchamos lamentarse frente a la infelicidad que la vida les depara como si esta fuera producto de una condena.
Es el destino -dicen- y no hay nada que hacerle, sólo queda sufrir y aguantar. Así es la vida, así les "tocó" a sus padres.
No se refieren, por supuesto, al dolor producido por una pérdida real: la muerte de un ser querido, el exilio, el abandono de alguien amado, y otras situaciones similares que nos dejan inevitablemente frente a la tristeza, de la cual sólo se sale cuando el trabajo de duelo ha concluido.
No, no es este el caso. Estamos ante sujetos cuya queja continua alude a sus dificultades para desarrollarse y vivir de una manera plena.
Por el contrario, sienten que la vida les va pasando como una película en la cual son otros los protagonistas, mientras ellos cumplen el rol de coro de lamentos.
Una y otra vez se refugian en la ilusión de atribuir a la mala suerte el malestar por el que atraviesan.
Suponen que desterrar el dolor depende del tiempo, que tarde o temprano borrará las huellas del sufrimiento; que todo pasa, que no hay mal que dure cien años, que es cuestión de soportar...
Se empeñan en un esfuerzo enorme por ignorar que el malestar psíquico es el que socava las posibilidades de vivir de acuerdo a su deseo.
De ese modo se vuelven cómplice del mal, se autocastigan y castigan a su entorno afectivo excluyendo la posibilidad de buscar una salida que restituya la capacidad de amar y trabajar que se ha desvanecido.
Suponiendo que la felicidad es un estado de gracia permanente, rápidamente se enfrentan con algo imposible, quizás por eso algunos suelen refugiarse en el consumo de tóxicos o estimulantes que por un instante fugaz los alivia de la presión de la realidad que nos rodea.
Por el contrario, se podría decir que salir del sufrimiento sólo es posible creando a partir de los recursos que disponemos y que aún no hemos explorado, en vías de construir un por - venir menos cruel.
Ahora bien, desde tres lugares nos amenaza el sufrimiento: