la brújula que te orienta en el discernimiento
hoy tengo ganas de matar... me!
Padre: no me abandones…
J tiene 40 años y un look particular: luce bronceado. Viste ropa de marca, con un estilo cuidadosamente desaliñado. Se muestra displicente y muy preocupado por los mensajes que recibe en su celular. Se dedica a la publicidad y necesita estar todo el tiempo conectado con "su gente".
Consulta por su hijo J (a quien llamaremos Junior, para poder distinguirlos) quien fuera sorprendido en medio de una pelea mientras compraba marihuana cerca del colegio al que concurre.
Desde la institución escolar citan a ambos padres y les indican realizar una consulta a la que viene J; solo porque la madre tiene una reunión de trabajo muy importante.
Cuenta que hace varios años que están separados aunque mantienen una relación cordial.
Con respecto a su relación con Junior explica que como vive con la madre lo ve los sábados en el club donde ambos realizan deportes compitiendo en equipos diferentes, y algunas veces los domingos.
— Pero no muy seguido porque su hijo no tolera a su pareja actual.
Como al pasar, cuenta también que ese mismo año; en otro hecho confuso Junior "le robó el auto y se escapó con unos amigos". Conduciendo de modo alocado por la Panamericana, hecho del que se entera por el padre de uno de ellos.
Se cita a la madre y de común acuerdo con J se decide iniciar las entrevistas con Junior.
Ya desde el primer encuentro se evidencia una enorme angustia que se manifiesta a través de sus dichos y una actitud confrontativa. Se indica entonces la necesidad de iniciar un tratamiento que comienza tras la aceptación de ambos padres.
A las pocas semanas Junior empieza a faltar. La madre dice que el chico no quiere hacer tratamiento y que a ella no la obedece.
¿Y J, qué opina? J dice:
— Yo siempre le inculqué que lo más importante es que fuera feliz y libre de tomar sus propias decisiones: ¿si Junior no quiere, yo qué puedo hacer?"
Basta recorrer las páginas de cualquier periódico o detenerse en alguno de los tantos noticieros de la actualidad para mantenernos informados minuto a minuto de los crímenes perpetrados por adolescentes.
Aparentemente cualquiera de ellos puede en cualquier circunstancia tomar un arma y hacer "justicia por mano propia" y hasta filmarse cual protagonista de una mala película de acción.
Por momentos, podría sentirse inclusive que se trata de una carrera en la cual lo único que importa es cuantificar los delitos cometidos.
En Centro a
sostenemos que aunque la violencia adolescente comprenda diversas manifestaciones, es necesario situarla en el punto en que ella nos está hablando de un síntoma de la época.
Nunca, y es un hecho de la cultura, los padres supieron bien cómo estar a la altura de su función pero es en la actualidad en donde más se observa una verdadera im-posibilidad de guiar, proteger y limitar desde el uso de una palabra autorizada a estos niños en su pasaje por la adolescencia.
La caída de los modelos tradicionales y la falta de resguardo en un otro que garantice:
Provoca en mayor o menor medida adultos desorientados, más preocupados por sobrevivir o sostener un estilo de vida que por el cuidado de sus hijos a quienes, paradójicamente, intentan resguardar de los peligros de la vida moderna.
Nos encontramos en una época en donde todos quedamos hermanados, se observa una reducción del ejercicio de la responsabilidad.
Responsabilidad que no consideramos circunscripta a la figura concreta de un padre real (sabido es que en la actualidad los hogares se componen de muy diversas maneras) sino, a quien pueda hacerse cargo de la tarea de transmitir una ley que ordene y organice.
El famoso dicho Prohibido Prohibir se ha hecho carne en la sociedad occidental a tal punto que cualquier interdicción queda del lado del autoritarismo y la culpa. Lo cierto es que son pocos los mayores que se sienten íntimamente autorizados a marcar la diferencia entre lo prohibido y lo permitido.
Ahora bien, si todos somos hermanos no hay ningún adulto que garantice el cuidado de la vida propia o ajena y esto es caldo de cultivo para prácticas aberrantes como el robo, el asesinato, las violaciones, etc.
En fin. Todo lo que quepa en esta Caja de Pandora
Cuando no hay un otro que ponga freno aparece la violencia que es otra cara de la pulsión de muerte.
Por otra parte; el imperativo a consumir todo ya! deja al adolescente solo frente a los objetos; la tecnología dirige nuestras vidas, el monstruo ha sido liberado y como en un relato de ciencia ficción las máquinas adquieren vida propia. Más vivas que nosotros mismos.
La falta de proyectos hunde en el aburrimiento. Adormecidos y desencantados frente a un presente amenazador y un futuro incierto se convierten en seres desorientados, cuya brújula es el goce del consumo. Y no los proyectos que son causados por el deseo.
En estas circunstancias
— ¿Cuál es el lugar de los profesionales de la salud cuando somos consultados por padres humillados (desocupados, angustiados, agobiados por las dudas) o aturdidos por un discurso que condena al éxito y a la juventud eterna, extraviados en un mundo cada vez más complejo?
— ¿Cómo intervenir para ayudar a un adolescente y su familia a encontrar una salida que no sea destructiva para sí mismo o para los demás?
Acudiremos a la siguiente viñeta para dar testimonio de una clínica basada en el valor de la palabra y en la singularidad del caso por caso.